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viernes, 26 de junio de 2026

Leyendas de Sevilla - 24 El fantasma de Sor Úrsula

EL FANTASMA DE SOR ÚRSULA

Hospital de las Cinco Llagas - 1668
Hospital de las Cinco Llagas (1668) - Sevilla    

    De la historia de sor Úrsula del Hospital de las Cinco Llagas se han contado muchas versiones, y no todas han sido justas. Algunos viejos relatos la dibujan como una mujer severa, inflexible y sin ternura, cuya muerte fue recibida con alivio por aquellos a quienes atendía. Sin embargo, las piedras del antiguo hospital, testigos mudos de siglos de sufrimiento y fe, parecen susurrar otra verdad. 
    Porque cuesta creer que quien consagró su vida al cuidado de los moribundos, en los días en que la peste devastaba Sevilla, pudiera ser cruel. Esta leyenda no busca oponerse al pasado, sino redimirlo: devolver a sor Úrsula la compasión y la entrega que la tradición le arrebató. En estas páginas, su figura se alza luminosa entre la sombra, no como espectro temido, sino como símbolo eterno de caridad y esperanza.

- El hospital y la peste

La leyenda de sor Úrsula y el Hospital de las Cinco Llagas de Sevilla - 01
    
    A las afueras de la Sevilla del siglo XVII, cuando el aire aún llevaba el eco de rezos y campanas, se alzaba el Hospital de las Cinco Llagas: vasto, solemne, con su fachada de piedra clara y sus patios de columnas silenciosas. Fundado para acoger a los pobres y enfermos, aquel edificio se convirtió en refugio y frontera entre la vida y la muerte cuando la peste llegó a la ciudad. 
    Era el año del espanto. Las calles se llenaban de carros que arrastraban cuerpos febriles, envueltos en mantas, mientras los campanarios doblaban sin cesar. En la entrada del hospital, varias monjas recibían a los enfermos con manos temblorosas y mirada firme. No había descanso ni tregua: cada día traía nuevos rostros, nuevas súplicas, nuevas despedidas. 
    El hospital fue entonces un santuario de dolor y esperanza. Bajo sus bóvedas resonaban los pasos de médicos, religiosas y voluntarios que luchaban contra lo invisible. Y entre ellos, una figura se hizo leyenda: sor Úrsula, monja de corazón firme y alma entregada, que cuidaba a los moribundos con una ternura que parecía desafiar al propio contagio.

- Sor Úrsula cuidando a los enfermos 

La leyenda de sor Úrsula y el Hospital de las Cinco Llagas de Sevilla - 02     

    Cuando la peste se adueñó de Sevilla, el Hospital de las Cinco Llagas se convirtió en un umbral entre el mundo y el más allá. Cada día llegaban nuevos carros, cada noche se alzaban nuevos lamentos. Pero entre el dolor y el espanto, había manos que no temblaban: las de sor Úrsula. 
    Vestida con su hábito negro y su toca blanca, recorría los patios y galerías con paso firme y mirada dulce. No era el miedo lo que guiaba sus gestos, sino el amor. A cada enfermo le ofrecía agua, consuelo, una palabra que devolvía aliento. Su presencia era como una lámpara encendida en medio del naufragio.     Sabía vendar, sabía rezar, sabía escuchar. A los moribundos les tomaba la mano con ternura, les acercaba el crucifijo, les hablaba del descanso eterno como quien habla de un hogar. A los que aún luchaban, les daba esperanza, les animaba con una sonrisa que parecía más fuerte que la fiebre. 
    Los que la vieron trabajar decían que no parecía caminar, sino flotar entre los lechos. Que su voz calmaba los temblores, que su tacto aliviaba el dolor. En medio del caos, sor Úrsula era orden, era fe, era madre.

- Sor Úrsula se contagia y cae enferma

La leyenda de sor Úrsula y el Hospital de las Cinco Llagas de Sevilla - 03

    El cuerpo que tanto sirvió comenzó a quebrarse. Tras semanas de entrega incansable, sor Úrsula sintió el peso de la fiebre y el temblor en sus manos. La peste, que había visto en tantos rostros, se instaló en el suyo con sigilo. No hubo quejas ni lamentos: pidió retirarse a su celda, aquella estancia humilde donde tantas veces había rezado por los demás. 
    Allí, bajo la cruz de madera que presidía la pared, se tendió con el crucifijo entre los dedos. Su rostro, antes firme, se volvió pálido y hundido. Las hermanas acudían en silencio, le ofrecían agua, le hablaban con dulzura, pero sabían que la enfermedad avanzaba como sombra inevitable. 
    Sor Úrsula no temía morir. Lo que dolía era dejar atrás a los enfermos, a los que aún esperaban consuelo. En su mirada había dolor, sí, pero también una paz profunda, como si ya caminara hacia otra luz. Cada gesto suyo era aún oración: el modo en que apretaba el crucifijo, el modo en que aceptaba el agua, el modo en que miraba a sus hermanas sin palabras. 
    La celda se volvió santuario. Las paredes, testigos. Y el silencio, plegaria.

- La muerte y el misterio

La leyenda de sor Úrsula y el Hospital de las Cinco Llagas de Sevilla - 04

    Sor Úrsula murió en silencio, como había vivido: con el crucifijo entre las manos y la mirada elevada. Las hermanas que la velaron dijeron que, en el último instante, su rostro se iluminó con una paz que no era de este mundo. El hospital, que tantas veces había sido testigo de su entrega, pareció detenerse un momento, como si el alma que partía dejara una huella imposible de borrar.
    Pero la historia no terminó con su muerte. 
    Con el paso de los años, comenzaron los susurros. Monjas que decían haber visto una figura cruzar los pasillos en la noche, enfermeros que oían puertas cerrarse sin razón, luces que se encendían y apagaban solas. Algunos hablaban de una presencia serena, vestida de negro, con un rosario entre las manos. No era miedo lo que provocaba, sino una extraña calma. Muchos creen que el espíritu de sor Úrsula no quiso abandonar el hospital. Que su afán de servicio, su amor por los enfermos, la retuvo entre los muros para seguir cuidando, consolando, velando. En ciertos rincones del antiguo hospital, hoy sede del Parlamento andaluz, aún se colocan flores y velas. No como ofrenda al miedo, sino como gesto de gratitud. Como si, al encender una llama, se pidiera que su alma descanse por fin. 
    Y así, entre piedra y sombra, la leyenda de sor Úrsula sigue viva. No como fantasma, sino como memoria. Como eco de una entrega que ni la muerte pudo apagar.

sábado, 6 de diciembre de 2025

Leyendas de Sevilla - 23 El Voto de Sangre

 EL VOTO DE SANGRE   

    Corría el año 1615 en la bulliciosa Sevilla, la metrópolis del Nuevo Mundo. La ciudad olía a incienso y azahar, pero también a pólvora de los debates teológicos que incendiaban las calles y los púlpitos. La cuestión no era menor: ¿Había nacido la Virgen María libre de pecado original (Inmaculada), o no?
    Para la Iglesia universal, aquello era un misterio sin resolver, un debate abierto entre dominicos (que defendían la concepción natural) y franciscanos (defensores acérrimos de la pureza de María desde el primer instante). Pero para Sevilla, la ciudad mariana por excelencia, la duda era una ofensa. 

01 El Voto de Sangre - Predicación     

    En el convento de San Francisco, epicentro de la devoción concepcionista, Fray Juan de la Piedad, un orador fogoso y respetado por la plebe, predicaba con ardor. "¡Sevilla no consentirá que se mancille el honor de la Madre de Dios!", clamaba ante una multitud enfervorecida.
    La tensión alcanzó su punto álgido cuando ciertos predicadores forasteros se atrevieron a cuestionar públicamente el sentir de la ciudad. El pueblo se levantó en cólera. No se trataba de una disputa de libros, sino de un asunto de honor, de fe visceral. Se dice que en la Hermandad de la Vera Cruz de Sevilla, una de las más antiguas, sus hermanos mayores, hombres curtidos y serios, tomaron una decisión trascendental. 

02 El Voto de Sangre - Juramento del Voto     

    Se reunieron en el interior de su capilla. Debían sellar su creencia con un juramento inquebrantable. Pusieron sobre la mesa los Evangelios y un cirio encendido. Uno a uno, con la mano sobre la sagrada escritura, pronunciaron un juramento que pasaría a la historia como el "Voto de Sangre": "Hacemos voto y juramento solemne de creer, defender y enseñar la Concepción Inmaculada de la Santísima Virgen María, y estamos prontos a dar la vida y derramar hasta la última gota de nuestra sangre por esta verdad."
    El juramento no se limitó a una sola hermandad. Cientos de cofradías, gremios y la propia Universidad de Maese Rodrigo de Osuna se sumaron al voto. El juramento de "dar la vida y derramar la sangre" no era metafórico: estaban dispuestos a batirse en duelo o a enfrentarse a las autoridades eclesiásticas si intentaban prohibirles su creencia. 

03 El Voto de Sangre - Proclamación del Dogma     

    La presión sevillana fue tal que el rey Felipe III intervino, rogando al Papa que zanjara la disputa para pacificar la ciudad más rica de su imperio.
    Aunque el dogma tardaría aún dos siglos más en ser proclamado oficialmente por el Papa Pío IX en 1854, Sevilla ya había ganado su batalla moral.
    El "Voto de Sangre" se convirtió en el símbolo eterno de una ciudad que puso su fe y su honor por delante de todo, sellando para siempre su identidad como la "Ciudad de María Santísima"

    "Se cuenta otra leyenda con idéntico nombre, ligada al trágico destino de don Fadrique, asesinado en la Sala de los Azulejos del Alcázar de Sevilla por su propio hermano, el rey Pedro I. La memoria del crimen quedó sellada para siempre en la mancha de sangre que, según dicen, jamás pudo borrarse de aquellos azulejos."

domingo, 9 de noviembre de 2025

Leyendas de Sevilla - 22 Doña María Coronel

DOÑA MARÍA CORONEL

     Sevilla, 1350-1369: la ciudad más rica y poblada de Andalucía, cien mil almas tras murallas almohades, puerto de oro y corte itinerante de Castilla, se convierte en el escenario sangriento de la guerra civil entre Pedro I «el Cruel» y los Trastámara; cadalsos permanentes en San Francisco, cabezas rodando por la Macarena, ejecuciones de linajes enteros,1353: Alfonso Fernández Coronel; 1357: Juan de la Cerda; 1358: Leonor de Guzmán; 1361: la reina Blanca de Borbón en el Alcázar, viudas despojadas, conventos profanados y un rey que ya no distingue justicia de venganza personal en una década donde el azahar huele a sangre y el Guadalquivir arrastra los restos de la antigua nobleza sevillana.

Leyenda de Doña María Coronel - 01    

    En la Sevilla de 1357, cuando las campanas de la Giralda doblaban a muerto por los caídos en la guerra civil, Doña María Coronel vivía en el palacio familiar de la calle que hoy lleva su nombre, junto a la iglesia de San Marcos. Era hija de Alfonso Fernández Coronel, alguacil mayor decapitado cuatro años antes por orden de Pedro I, y hermana de Aldonza, la antigua amante del rey. Casada con Don Juan de la Cerda, descendiente directo de Alfonso X el Sabio, María había conocido la felicidad de los primeros años de matrimonio: torneos en la plaza de San Francisco, romerías a la Cruz del Campo y noches de luna en los jardines del Alcázar invitados por la reina Blanca.

Leyenda de Doña María Coronel - 02    

    Todo terminó una mañana de otoño cuando los corchetes reales entraron en el palacio. Juan de la Cerda fue arrastrado a la cárcel del Alcázar y, sin juicio público, decapitado en el patio de los Naranjos. Su cabeza se expuso en la Puerta de la Macarena junto a otras de los partidarios de Enrique de Trastámara.
    Desde ese día, María cerró los postigos de su casa, vistió luto riguroso y convirtió su cámara en oratorio, jurando no volver a mirar rostro de hombre mientras viviera.

Leyenda de Doña María Coronel - 03    

    En 1366, Pedro I, viudo y ya sin María de Padilla, paseaba por Santa Marina cuando vio a una dama de negro entrar en San Bartolomé: era María Coronel, viuda de Juan de la Cerda. Fascinado, le envió oro, joyas y cartas prometiendo restituirle sus bienes si accedía a ser su dama. María quemó las cartas y devolvió los regalos con una sola frase: «Mi señor murió por la lealtad; yo vivo por la memoria».
    Tiempo después, Pedro acudió a su casa amparado en su autoridad real. María rezaba en el jardín cuando lo vio entrar con sus distintivos de rey. Lo reconoció al instante y cayó de rodillas, suplicándole respeto a su viudedad. Pero él, cegado por el deseo, intentó tomarla. Ella logró escapar, gritando que prefería la muerte a la deshonra.

Leyenda de Doña María Coronel - 04    

    Esa misma noche, Sevilla entera se estremeció con el rumor del escándalo: las ventanas se cerraron con premura, las calles se vaciaron como si el aire mismo llevara la vergüenza.
    Al despuntar el alba, María Coronel abandonó su palacio en compañía de una fiel sirvienta; cruzó la ciudad con el paso firme y el alma quebrada, hasta llegar al convento de Santa Clara, donde la abadesa, al escuchar su historia entre lágrimas, la recibió como hermana lega, sellando con aquel gesto el inicio de un retiro que no era huida, sino acto de resistencia silenciosa frente al poder que la había querido doblegar.

Leyenda de Doña María Coronel - 05    

    Durante semanas, Pedro I hizo registrar todos los conventos de Sevilla. Una noche de 1367, sus hombres rodearon Santa Clara. El rey entró con antorchas, espada en mano y el rostro cubierto por una capucha negra.
    Las monjas se escondieron en el coro; solo se oían los pasos de las botas sobre las losas del claustro. María, que ya esperaba lo peor, se había refugiado en la cocina del convento. Sobre el hogar de leña hervía una gran caldera de aceite. Cuando oyó al rey gritar su nombre en el corredor, cerró la puerta con el cerrojo y se arrodilló frente al fuego. Sin vacilar, tomó el cucharón de bronce, lo llenó hasta el borde y se vertió el aceite hirviendo sobre el rostro y el cuello.

Leyenda de Doña María Coronel - 06    

    El grito que dio atravesó los muros del convento y llegó hasta la calle, donde los vecinos se santiguaron. El rey abrió la puerta de golpe y la encontró en el suelo, con la piel desprendida y la sangre mezclada con el aceite, pero aún rezando el Ave María con voz clara.
    Pedro I retrocedió horrorizado. Por primera vez en su vida, el hombre que había mandado degollar a su propia madre se quedó sin palabras. Ordenó a sus hombres que la dejaran en paz, prometió devolverle parte de sus bienes y salió del convento sin mirar atrás. Nunca más volvió a pronunciar su nombre.

Leyenda de Doña María Coronel - 07    

    María Coronel vivió cuarenta y cuatro años más en el convento de Santa Clara, oculta tras un velo blanco que cubría las cicatrices. Con los bienes que el rey le restituyó y las herencias de sus hermanas Aldonza y Mayor, compró la casa solariega de sus padres y fundó en 1376 el Convento de Santa Inés, en la misma calle que hoy lleva su nombre.
    Allí acogió a viudas despojadas por la guerra, a huérfanas de nobles ejecutados y a doncellas que huían de matrimonios forzosos. Ella misma fue la primera abadesa, gobernando con mano firme y corazón manso hasta su muerte el 2 de diciembre de 1411.

Leyenda de Doña María Coronel - 08    

    En 1587, al reformar el coro, las monjas encontraron su cuerpo intacto, con las quemaduras aún visibles en rostro y cuello. Desde entonces se guarda en una urna de cristal en la iglesia del convento, y cada 2 de diciembre se abre al público. Junto a la urna permanece la pequeña vasija de barro que contenía el aceite de su sacrificio, y en el claustro aún crece el naranjo bajo el que rezaba la noche en que el rey la vio por primera vez.
    Los sevillanos entran en silencio, se arrodillan y salen sin hablar, sabiendo que allí yace la mujer que prefirió quemarse la cara antes que manchar su alma.

viernes, 24 de octubre de 2025

Leyendas de Sevilla - 21 La cabeza del rey don Pedro

LA CABEZA DEL REY DON PEDRO
Cabeza del rey don Pedro - SevillaPedro I de Castilla - Joaquín Domínguez Bécquer (1857) - Ayuntamiento de Sevilla
Busto del rey don Pedro I
Calle Cabeza del rey don Pedro
Sevilla
Pedro I de Castilla
Joaquín Domínguez Bécquer (1857)
Ayuntamiento de Sevilla
     En un barrio de Sevilla, donde las piedras susurran historias y las calles guardan secretos centenarios, se esconde una leyenda que mezcla poder, venganza y astucia. Es la historia del rey Pedro I de Castilla, conocido por unos como el Cruel y por otros como el Justiciero. Una historia que dio nombre a dos calles del barrio de la Judería: Cabeza del Rey Don Pedro y Candilejo.

Leyenda del Rey don Pedro - 01 - Duelo     

    Corría el siglo XIV y el trono de Castilla era un campo de batalla político, donde alianzas se tejían y rompían al ritmo de la ambición. Pedro I, apodado el Cruel por sus enemigos y el Justiciero por sus fieles, gobernaba rodeado de intrigas. Entre sus adversarios más peligrosos se encontraba la poderosa familia Guzmán, leales al pretendiente Enrique de Trastámara. Uno de sus miembros, altivo y provocador, se dedicaba a difamar al rey con palabras afiladas que corrían por Sevilla como veneno en copa de oro. Pedro, consciente de que un castigo oficial encendería la mecha de la guerra civil, decidió actuar en secreto.
    Una noche oscura, se ocultó en la calle de los Cuatro Cantillos. Cuando el caballero Guzmán apareció, confiado y solo, el rey lo enfrentó sin mediar palabra. El duelo fue breve, silencioso, casi ritual. Una estocada certera bastó. El cuerpo quedó tendido en la piedra, y la ciudad siguió durmiendo, ignorante del crimen que cambiaría su historia. 

Leyenda del Rey don Pedro - 02 - Candil     

    Solo una anciana fue testigo del enfrentamiento. Vivía en una casa estrecha, con balcones de piedra y geranios dormidos. Al escuchar el choque de espadas, se asomó temblorosa con un candil en la mano, dejando que la luz vacilante rasgara la oscuridad. No alcanzó a ver los rostros, pero sus oídos, curtidos por los años, captaron un sonido inconfundible: el crujido seco de unas rodillas al moverse. Lo había oído antes, en las ceremonias del Alcázar. Era el rey.
     Al amanecer, Sevilla despertó agitada. Las campanas no anunciaban misa, sino rumores. En cada esquina se murmuraba sobre el cadáver hallado en la calle de los Cuatro Cantillos. Don Tello de Guzmán, padre del difunto y Conde de Niebla, exigió justicia con voz firme y mirada de duelo. Pedro I, sereno en apariencia, creyó que su secreto estaba a salvo. Con gesto solemne, proclamó ante la corte: "Si alguien revela al asesino, su cabeza será expuesta en el mismo lugar donde cayó Guzmán." 

Leyenda del Rey don Pedro - 03 - Espejo     

    El rey, deseoso de cerrar el asunto sin sospechas, ofreció cien doblas de oro a quien revelara la identidad del asesino. La recompensa atrajo a curiosos, embusteros y oportunistas, pero ninguno aportó prueba alguna. Fue entonces cuando un joven, hijo de un carbonero, se presentó en palacio. No vestía con gala ni hablaba con arrogancia, pero en sus ojos había una certeza que inquietó a los cortesanos.
     La anciana, única testigo, le había confiado lo que oyó aquella noche: el crujido de unas rodillas que no eran de hombre común. El muchacho pidió hablar en privado con el monarca. Pedro, intrigado, accedió.
     Lo condujo por los pasillos del Alcázar hasta el gran salón de los espejos, donde el aire parecía guardar secretos. Allí, sin levantar la voz, se detuvo frente al cristal y dijo: "Majestad, no hay testigo más fiel que el reflejo. Si queréis saber quién fue, preguntadle a ese hombre que os mira sin temblar."
     El silencio que siguió fue más elocuente que cualquier acusación.

Leyenda del Rey don Pedro - 04 - Don Tello     

    Pedro I, atrapado por su propia promesa, no pudo desmentir lo que el espejo había revelado. Impresionado por la audacia del joven, le recompensó con generosidad, pero le impuso un silencio absoluto bajo amenaza de muerte. El secreto debía quedar enterrado, aunque la palabra del rey no podía romperse sin consecuencias.
     Para salir del compromiso sin perder la cabeza, hizo encerrar un cajón en un nicho protegido por rejas justo donde ocurrió el asesinato. Alegó que el asesino era una "persona muy principal" cuya identidad debía mantenerse oculta por el bien de la ciudad. El cajón, sellado y vigilado, se convirtió en objeto de rumores y especulaciones.
     Años después, tras la muerte de Pedro a manos de su hermanastro Enrique, que se coronó rey, Don Tello de Guzmán regresó a Sevilla como gobernador y ordenó abrir el misterioso cajón que guardaba la cabeza del asesino de su hijo. Lo que hallaron dentro dejó a todos sin aliento: no había restos humanos, sino un busto de piedra con el rostro inconfundible del rey Pedro I. 

Leyenda del Rey don Pedro - 05 - Cabeza de don Pedro en la hornacina     

    La justicia, al fin, se había cumplido. No con sangre, sino con memoria tallada en piedra. Incluso desde la tumba, el monarca había cumplido su promesa… y se burló de sus enemigos una última vez. El busto de piedra, con su mirada serena y altiva, parecía observar a Sevilla desde el rincón del crimen, como si el rey aún gobernara desde el silencio. Don Tello, enfrentado a una verdad que no podía negar ni castigar, comprendió que destruir la escultura sería un sacrilegio político, una afrenta a la memoria y al poder que aún resonaba en la ciudad. 
    No tuvo más remedio que dejarla allí, como testimonio de una justicia torcida pero cumplida. Con el tiempo, el pueblo dio nombre al lugar: la calle donde cayó Guzmán pasó a llamarse Cabeza del Rey Don Pedro, en recuerdo de aquel busto que hablaba sin voz. Y la calle vecina, donde una anciana alzó su candil para iluminar la verdad, recibió el nombre de Candilejo, en honor a la luz humilde que desveló el secreto.
    Así, la leyenda quedó grabada no solo en piedra, sino en el mapa de Sevilla. 

jueves, 2 de octubre de 2025

Leyendas de Sevilla - 20 El lagarto de la Catedral

EL LAGARTO DE LA CATEDRAL

    En el corazón de la Catedral de Sevilla, donde la piedra gótica se funde con ecos mudéjares, cuelga una figura insólita que ha despertado la curiosidad de generaciones: un cocodrilo de madera, suspendido en la entrada al Patio de los Naranjos. No es una talla cualquiera, sino el vestigio de una leyenda que mezcla diplomacia medieval, exotismo oriental y el imaginario sevillano.

Catedral de Sevilla - Puerta del Lagarto
PUERTA DEL LAGARTO - CATEDRAL DE SEVILLA

     
Corría el año 1260 cuando la corte de Castilla recibió una embajada insólita procedente del lejano Egipto. El sultán, deseoso de estrechar lazos con el reino de Alfonso X el Sabio, había enviado emisarios con una propuesta tan audaz como inesperada: solicitar la mano de la infanta Berenguela, hija del monarca castellano. La petición no llegaba sola. Como muestra de su poderío, riqueza y exotismo, el sultán mandó una serie de presentes que dejaron boquiabiertos a los sevillanos: un cocodrilo vivo capturado en las aguas del Nilo, una jirafa domesticada que caminaba con elegancia por las calles de la ciudad, un imponente colmillo de elefante tallado con inscripciones, y una vara ceremonial de gran valor simbólico. Sevilla, que ya por entonces era un crisol de culturas y un hervidero de influencias orientales, cristianas y andalusíes, se convirtió por unos días en escenario de un espectáculo casi mítico. La llegada de aquellos animales, nunca antes vistos por la mayoría de la población, causó tal impresión que se convirtió en tema de conversación en plazas, palacios y tabernas.

Comitiva del Sultán de Egipto a Sevilla (siglo XIII)
EMBAJADA DEL SULTÁN DE EGIPTO A LA CORTE DE ALFONSO X EL SABIO

     
A pesar del asombro general y del respeto que inspiraban los regalos, la propuesta matrimonial fue finalmente rechazada. Según la versión más difundida por los cronistas, la negativa no se debió a cuestiones políticas ni diplomáticas, sino a una razón más íntima y espiritual: la infanta Berenguela, profundamente devota y educada en la fe cristiana, no quiso comprometerse con un príncipe musulmán. Su decisión, firme y serena, la llevó años más tarde a tomar los hábitos en el Monasterio de Santa María la Real de las Huelgas, en Burgos, donde vivió consagrada a la vida religiosa.
    Para evitar que el rechazo se interpretara como una ofensa o una humillación, Alfonso X respondió con cortesía y tacto. Envió una carta diplomática al sultán, acompañada de obsequios cuidadosamente seleccionados, en señal de respeto y agradecimiento. Mientras tanto, los animales exóticos permanecieron en Sevilla, convertidos en curiosidades vivas que alimentaban la imaginación popular. El cocodrilo, tras morir, fue cuidadosamente disecado y colocado en la Catedral, donde aún hoy puede verse, suspendido como testimonio de aquel episodio singular. Junto a él se exhibieron el freno de la jirafa, el colmillo de elefante y, tiempo después, la vara que portó el embajador castellano en su viaje a Egipto para declinar la propuesta. Estos objetos, cargados de historia y leyenda, se integraron en el imaginario sevillano como símbolos de una época en la que las fronteras entre lo real y lo fabuloso eran tan porosas como las murallas de la ciudad.

Berenguela de Castilla (Sevilla, 6 de diciembre de 1253-Guadalajara, 1300)
DOÑA BERENGUELA DE CASTILLA

    Más allá de su valor anecdótico, el lagarto se ha convertido en símbolo de la memoria sevillana: un recordatorio de los vínculos entre mundos lejanos, de la capacidad de la ciudad para absorber lo extraordinario y convertirlo en parte de su identidad. Algunos estudios sugieren que su presencia pudo tener una función práctica, ahuyentar aves del templo, pero la leyenda ha prevalecido sobre la lógica.          El lagarto no ruge, no se mueve, pero sigue contando su historia a quien se detiene a mirar. Y en Sevilla, donde la piedra habla y las leyendas respiran, eso basta.

domingo, 22 de marzo de 2020

Leyendas de Sevilla - 19 Santa Justa y Santa Rufina

SANTA JUSTA Y SANTA RUFINA

Santa Justa - 1665 - Murillo - Meadows Museum (Dallas)SantaRufina - 1665 - Murillo - Meadows Museum (Dallas)
SANTA JUSTA 
Bartolomé Esteban Murillo - 1665
Meadows Museum (Dallas)
SANTA RUFINA 
Bartolomé Esteban Murillo - 1665 
Meadows Museum (Dallas)

      Cuenta la tradición que fue el apóstol Santiago quien trajo el cristianismo a España y organizó en Triana la primera comunidad cristiana de Sevilla a cuyo frente quedó un fiel y aventajado discípulo que alcanzaría la santidad con el nombre de San Pío. Esta primera comunidad, pequeña pero de profundas convicciones, estuvo formada principalmente por personas del gremio de ceramistas y alfareros del arrabal.
      Fue ese el motivo de que al decretarse la persecución de los cristianos por el emperador Diocleciano la mayoría de las víctimas de Sevilla fueron personas pertenecientes a este gremio y, entre ellas, las hermanas Justa y Rufina.

Santas Justa y Rufina - 1666 - Murillo - Museo de Bellas Artes de Sevilla
SANTA JUSTA Y SANTA RUFINA
Bartolomé Esteban Murillo - 1666
Museo de Bellas Artes de Sevilla

      San Isidoro, arzobispo de Sevilla, nos relata este suceso en un escrito que la Iglesia ha declarado rezo oficial para el día de ambas Santas, el 17 de julio, y del que haremos una síntesis de su contenido.
      Justa y Rufina eran dos hermanas virtuosas que ejercían de alfareras en su hogar de Triana. Justa había nacido el año 268 y Rufina el 270. Desde niñas ayudaban en el negocio familiar y con el fruto del trabajo podían vivir de forma sencilla ayudando también a los necesitados. Ambas pertenecían a la pequeña comunidad cristiana del arrabal trianero.

Santas Justa y Rufina - 1817 -Francisco de Goya - Catedral de Sevilla
SANTA JUSTA Y SANTA RUFINA
Francisco de Goya - 1817
Catedral de Sevilla

      En el mes de julio se celebraban las Adonías, una fiesta pagana en honor de Adonis en la que se sacaba en procesión una efigie de Salambó, nombre con el que los fenicios conocían a la diosa romana Venus. El numeroso séquito de oficiantes que acompañaba a la imagen recorría las calles de la ciudad solicitando ofrendas para el culto de la diosa.
      Al llegar al puesto donde Justa y Rufina vendían sus productos se detuvieron para solicitarles una ofrenda a lo que las hermanas se negaron reiteradamente. Entonces, algunas de las oficiantes les volcaron el tenderete provocando la rotura de los objetos de cerámica que vendían. Las hermanas respondieron arrojando al suelo la imagen de la diosa que quedó hecha añicos por estar también hecha de barro cocido.

Figura fenicia de terracota - Museo de Cádiz
FIGURA FENICIA DE TERRACOTA
Probablemente representa a la diosa Venus
Museo de Cádiz

      El escándalo fue mayúsculo en toda Híspalis y llegó hasta el emperador Diocleciano que ordenó al Prefecto de Sevilla la detención de las hermanas para castigarlas y hacerlas renegar de la fe cristiana. Así ambas fueron procesadas y encarceladas pero se negaron a renegar de su fe por lo Diogeniano, Prefecto de Híspalis, las sometió a diversos tormentos cada vez más crueles y dolorosos.
      Primero fue la tortura del potro a la que siguió el garfio de hierro. Las hermanas soportaron el dolor y se mantuvieron en su fe. Tras arrancarles las uñas de manos y pies, les obligaron a ir andando descalzas, atadas a un carro, desde Sevilla hasta Almadén de la Plata, en la Sierra Morena sevillana. Sin fuerzas y con los pies destrozados pero con una inmensa fe llegaron hasta el lugar sin renegar de sus creencias.

Emperador Diocleciano - Escultura florentina del siglo XVII -  Castillo de Vaux-le-Vicomte (Francia)
EMPERADOR DIOCLECIANO
Escultura florentina del siglo XVII  
Castillo de Vaux-le-Vicomte (Francia)

      Volvieron a encarcelarlas, esta vez sin darles agua ni alimento alguno lo que provocó la muerte de Justa el 17 de julio del año 287. Su cadáver fue arrojado a un pozo o fosa del que fue recuperado por el obispo Sabino. Rufina, le hermana menor que había sobrevivido, fue llevada dos días más tarde al anfiteatro para que la devorase un león pero este se mantuvo dócil ante la Santa no causándole daño alguno por lo que Diogeniano ordenó degollar a Rufina y quemar su cuerpo. Los restos y cenizas de la Santa fueron recuperados posteriormente por el obispo Sabino.
      Aquel mismo año de su muerte, Sabino dio sepultura común a los restos de las dos Santas  en un lugar que hoy conocemos como Campo de los Mártires. Justa y Rufina fueron reconocidas como mártires y Santas siendo nombradas Patronas protectoras de Sevilla y Patronas de los alfareros. Sus restos fueron venerados en Sevilla hasta la llegada de los árabes en que fueron escondidos para su protección.

Ara funeraria - Iglesia de San Jorge - Alcalá de los Gazules
ARA FUNERARIA
Iglesia Parroquial de San Jorge  
Alcalá de los Gazules (Cádiz)

      En Alcalá de los Gazules, en la Ermita de los Santos Mártires, hoy desaparecida, el año 1800 se encontraron unos restos que se cree pertenecen a las Santas por figurar su nombre en un ara funeraria hallada en el lugar. Estos restos se encuentran depositados en la actualidad en la Iglesia parroquial de San Jorge en Alcalá de los Gazules. También existen reliquias de las Santas en la localidad zaragozana de Maluenda.

lunes, 7 de agosto de 2017

Leyendas de Sevilla - 18 Nuestra Señora de Valme

NUESTRA SEÑORA DE VALME

      En agosto del año 1247, las tropas cristianas que ya han liberado Córdoba y Jaén de manos musulmanas se dirigen a Sevilla para su reconquista. La ciudad estaba fuertemente amurallada y contaba además con la protección que le ofrecía el río Guadalquivir por lo que el rey Fernando III tuvo que reunir en Consejo a sus capitanes y maestres de las órdenes militares para planificar el complicado y difícil asedio.
      Reúne un poderoso ejército a cuyo mando se encuentran numerosos generales con gran experiencia militar y una flota de 18 naves al mando del almirante Ramón Bonifaz. De Córdoba parte el grueso de tropas que se dirigen a Sevilla mientras la flota cristiana sale del Cantábrico y bordea la costa portuguesa rumbo a Sanlúcar de Barrameda donde era esperada por la flota musulmana de los benimerines que procedente de África venía en auxilio del reino moro de Sevilla.

NUESTRA SEÑORA DE VALME -  DOS HERMANAS - SEVILLA
NUESTRA SEÑORA DE VALME - SIGLO XIII
DOS HERMANAS - SEVILLA

      En otoño de 1247, las tropas de Fernando III han conquistado las ciudades aledañas a Sevilla como Carmona, Alcalá del Río y Alcalá de Guadaíra mientras la flota del almirante Bonifaz, tras derrotar a los benimerines en Sanlúcar, sube por el río Guadalquivir para hacer escala en Coria del Río. Pero antes de entrar en Sevilla hay que conquistar San Juan de Aznalfarache cuya fortaleza estratégicamente situada sobre el Guadalquivir se encuentra fuertemente defendida.
      Serán los caballeros de la Orden de Santiago a cuyo mando se encuentra Pelay Pérez Correa quienes, reforzados por combatientes del Rey moro de Granada y apoyados por la flota, harán caer el castillo de San Juan y dejarán el paso libre por el río a la conquista de Sevilla.

GRABADO DE LA ERMITA DE NUESTRA SEÑORA DE VALME - DOS HERMANAS - SEVILLA
GRABADO DE LA ERMITA DE NUESTRA SEÑORA DE VALME
DOS HERMANAS - SEVILLA

      Pero el asedio, que comienza el 24 de agosto de 1247, será largo y penoso pues la ciudad cuenta con más de siete kilómetros de recinto amurallado con 12 puertas y 3 postigos además de algunos pasadizos secretos y un ejército ágil y experimentado que romperá en numerosas ocasiones el sitio con sus salidas para hostigar a las tropas cristianas y obtener alimentos de las cercanas alquerías del Aljarafe.
      Es en estas circunstancias, con Fernando III abrumado por las dificultades para conquistar Sevilla y con unas tropas cuya moral se va debilitando por la duración del asedio y los estragos que la climatología y la falta de recursos producen en sus hombres cuando el rey, en el Cerro de Cuartos, invocó a una imagen de la Virgen que llevaba consigo con estas palabras:
      "¡Váleme, Señora, que si te dignas hacerlo, en este lugar te labraré una capilla, en la que a tus pies depositaré como ofrenda, el pendón que a los enemigos de España y de nuestra Santa Fe conquiste!"
      Y, cuenta la leyenda, que ordenó al maestre Pelay Pérez Correa que clavara su espada en el suelo donde al momento brotó un manantial de agua que fue llamada Fuente del Rey y sirvió para calmar la sed de los soldados y levantar su ánimo.

San Fernando ante Nuestra Señora de Valme -  Luis Oñate - Ermita de Valme
SAN FERNANDO ANTE NUESTRA SEÑORA DE VALME - 1894
Luis Oñate
Ermita de Valme
DOS HERMANAS - SEVILLA

      Sevilla fue al fin conquistada y Fernando III fiel a su promesa construyó una Ermita en el Cerro del Cuarto donde puso la imagen invocada y la llamó Santa María de Valme en recuerdo de su súplica. A sus pies dejó el pendón arrebatado a los musulmanes de Isbiliya. La Ermita pronto se convirtió en lugar de peregrinación para los campesinos y aldeanos de las zonas cercanas que venían a presentar su respeto y devoción a la venerada imagen de Nuestra Señora.

SAN FERNANDO ANTE NUESTRA SEÑORA DE VALME - Parroquia de Santa María Magdalena -  DOS HERMANAS - SEVILLA
SAN FERNANDO ANTE NUESTRA SEÑORA DE VALME
SIGLO XVIII - ESCUELA SEVILLANA
Parroquia de Santa María Magdalena
DOS HERMANAS - SEVILLA

Nota:
      Nuestra Señora de Valme es una imagen sedente, de estilo gótico, que representa a la Virgen con Jesús sentado en su regazo. El Niño bendice con su mano derecha mientras la izquierda sostiene un pájaro.
      La Ermita actual es de influencia mudéjar con una sola nave. El retablo mayor, de estilo barroco, es del siglo XVIII y está presidido por un cuadro de Luis de Oñate, fechado en 1894, que representa a San Fernando ante la Virgen.
      Desde el año 1869, la imagen de Nuestra Señora de Valme recibe culto en su capilla sacramental de la Iglesia Parroquial de Dos Hermanas y sólo se traslada a la Ermita de Valme con motivo de la Romería anual, una de las más concurridas y célebres de Andalucía.

domingo, 16 de octubre de 2016

Leyendas de Sevilla - 17 Nuestra Señora de los Reyes

NUESTRA SEÑORA DE LOS REYES

Nuestra Señora de los Reyes - Anónimo siglo XIII - Gótico - Catedral de Sevilla
NUESTRA SEÑORA DE LOS REYES
Anónimo - Siglo XIII
Catedral de Sevilla

      El rey Fernando III el Santo, fiel devoto de la Santísima Virgen, se hacía acompañar durante sus campañas militares de una imagen de Nuestra Señora a la que orar para suplicarle ayuda en las batallas contra los infieles o darle las gracias por sus victorias. Así, durante el asedio a la ciudad de Sevilla entre agosto de 1247 y noviembre de 1248, nos cuenta la tradición que al Rey le acompañaba una imagen de la Virgen que le había regalado su primo el rey San Luis IX de Francia y que es la que hoy podemos contemplar en la Catedral de Sevilla bajo la advocación de Nuestra Señora de los Reyes.
      Pero el pueblo no podía considerar aquella imagen tan bella y suntuosa como un simple regalo entre mortales, aunque fuesen santos y reyes, y creó en torno a ella una leyenda que ha trascendido hasta nuestros días.

Capilla de Nuestra Señora de los Reyes - Catedral de Sevilla
CAPILLA DE NUESTRA SEÑORA DE LOS REYES - CAPILLA REAL
Catedral de Sevilla

      Durante el largo asedio a la ciudad de Sevilla, defendida por el rey Axataf, la moral de las tropas cristianas tuvo sus altibajos debido a las continuas escaramuzas, a las penurias derivadas de la estancia en campamentos sometidos a las inclemencias del tiempo, a la dificultad del aprovisionamiento y al temor de que los sitiados pudiesen recibir ayuda de los almohades. El rey Fernando oraba ante Nuestra Señora suplicando su ayuda para que aquella situación finalizase pronto y la Cruz se alzase sobre el alminar de la Mezquita Mayor de Sevilla.
      Una noche el monarca tuvo un sueño. La Virgen, sentada en un trono y con su Hijo en los brazos, le dijo: “Fernando, por tu gran piedad, yo te prometo que habrás de conquistar Sevilla”. Y así fue, el 23 de noviembre de 1248 se produjo la entrega de las llaves de la ciudad y el 23 de diciembre Fernando III entró en la ciudad por la Puerta de Goles, después llamada Puerta Real.

El sueño de San Fernando - Atribuido a Matías de Arteaga y Alfaro h. 1672 - Colección BBVA
EL SUEÑO DE SAN FERNANDO
Atribuido a Matías de Arteaga y Alfaro - Hacia 1672
Colección BBVA

      Una vez aposentado en el Alcázar hizo llamar a varios escultores para que reprodujeran la imagen de la Virgen que había visto en su sueño pero ninguno consiguió ese parecido que el Rey ansiaba.
      No cejaba el monarca en su empeño y un día recibió la visita de tres jóvenes escultores provenientes de Alemania que decían venir a estudiar las técnicas artísticas de los maestros que había en la ciudad. El rey los acogió durante su estancia y ellos en agradecimiento le ofrecieron hacerle una imagen de la Virgen a condición de realizar la obra sin ser vistos ni molestados.

San Fernando recibe las llaves de la ciudad del rey Axafat - Sobre pieza de cobre de 46 cms - Francisco Pacheco 1634 - Catedral de Sevilla
SAN FERNANDO RECIBE LAS LLAVES DE LA CIUDAD DEL REY AXAFAT
Francisco Pacheco - 1634
Catedral de Sevilla

      Se les preparó una estancia para su trabajo y el rey les ofreció cuantos materiales o herramientas necesitasen pero ellos declinaron el ofrecimiento y se encerraron en la habitación dispuestos a trabajar en la imagen ofrecida.
      Al cabo de un tiempo, una sirvienta, extrañada de que no se oyesen los golpes propios del trabajo de talla, se acercó a la estancia y oyó una dulce música. Sorprendida, miró a través de la cerradura y descubrió a los tres jóvenes orando arrodillados y envueltos por un gran resplandor.
      Fue a comunicarle la nueva al rey que inmediatamente se dirigió a la estancia y abriéndola encontró la imagen de Nuestra Señora tal como la había visto en su sueño no quedando rastro de los jóvenes escultores ni de material o herramienta que se hubiese podido usar para su talla.

Fernando III el Santo - Murillo 1671 - Catedral de SevillaFernando III el Santo - Atribuido a Ignacio de Ries  - Hacia 1650-60 - Ayuntamiento de Sevilla
FERNANDO III EL SANTO
Bartolomé Esteban Murillo  - 1671
Catedral de Sevilla
FERNANDO III EL SANTO
Atribuido a Ignacio de Ries  - Hacia 1650-60
Ayuntamiento de Sevilla

      Ningún centinela del Alcázar dijo haber visto a los jóvenes salir y los escultores que examinaron la obra certificaron la imposibilidad de haber realizado la talla en tan poco tiempo. Así también lo declaró el obispo Don Remondo y, considerándolo un hecho milagroso, ordenó que la imagen fuese colocada en la Capilla del Alcázar bajo la advocación de Nuestra Señora de los Reyes.
      En su testamento, Fernando III el Santo expresó su deseo de ser enterrado a los pies de esta imagen y así podemos verlo actualmente en la Capilla Real de la Catedral hispalense, un una urna de plata, reposando bajo la imagen protectora de Nuestra Señora de los Reyes.
   
      Nuestra Señora de los Reyes es Patrona de la Archidiócesis de Sevilla y su festividad se celebra el día 15 de agosto.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Leyendas de Sevilla - 16 La Piedra Llorosa

LA PIEDRA LLOROSA  

    En el período que media entre la II Guerra Carlista (1846-49) y la III (1872-76), no existe paz en España sino que hay un clima belicoso y eran habituales los enfrentamientos entre los bandos carlista e isabelino.
      La siguiente historia transcurre el año 1857 durante el reinado de Isabel II y bajo la presidencia del General Narváez.

Sevilla - Calle Alfonso XII - Lugar donde se encuentra la Piedra Llorosa
Sevilla - Calle Alfonso XII - Lugar donde se encuentra la Piedra Llorosa

      La noche del 29 de junio, un grupo compuesto de un centenar de jóvenes sevillanos capitaneados por el coronel retirado don Joaquín Serra, don Cayetano Morales y don Manuel Caro, se levantaron en armas con la idea de cambiar el país y salen de Sevilla camino de Ronda.
      En su marcha por los pueblos no concitan mucho fervor popular revolucionario e incluso cometen algunas tropelías como el incendio del archivo municipal de El Arahal así como de varias escribanías de Notarios y Registradores de la Propiedad, aunque no hay falta quien piense que fueron otras personas con intereses ocultos quienes cometieron estos atropellos.
      El gobierno de Narváez, necesitado de una demostración de fuerza y autoridad, envió en su busca varios destacamentos militares: una compañía del Regimiento Albuera, dos secciones de caballería de Alcántara y una columna de artillería.
      A la altura de Benaojan tuvo lugar el encuentro entre el grupo sevillano, mandado entonces por el joven Manuel Caro ya que los otros dos jefes se habían cansado y regresado a Sevilla, y los militares enviados por Narváez. Los sevillanos no hicieron una sola víctima entre los militares mientras ellos sufrieron veinticinco muertos, Manuel Caro y otros veintitrés fueron hechos prisioneros y el resto huyó escondiéndose en la Serranía rondeña aunque fueron perseguidos y capturados en los días siguientes.
      De regreso a Sevilla fueron encarcelados en el cuartel de San Laureano a la espera de juicio. El que muchos de aquellos jóvenes fuesen de ilustres y respetadas familias sevillanas les iba a servir de poco ya que un decreto de Madrid había destituido al Gobernador don Joaquín Auñón y al Capitán General don Atanasio Aleson y enviado para ejercer la autoridad de ambos cargos a don Manuel Lassala y Solera, un comisionado especial del Gobierno con fama de hombre duro y de la total confianza de Narváez.
      En la mañana del 11 de julio la noticia corrió por toda la ciudad, los veinticuatro presos, más otros que habían sido capturados después, iban a ser fusilados.
      No sirvió de nada que el alcalde Juan José García de Vinuesa pidiese clemencia argumentando la corta edad de aquellos jóvenes que, salvo Manuel Caro, no llegaban a los veinte años y que muchos de ellos habían sido engañados y manipulados para alistarse. Sólo uno de los presos del grupo de condenados volvió al cuartel de San Laureano al observar el oficial al mando del pelotón que no llegaba a los trece años y por tanto no tenía la edad mínima penal para ser fusilado.

Sevilla - La Piedra Llorosa
La Piedra Llorosa, un recuerdo trágico que ha sido respetado por las sucesivas Corporaciones.

      García de Vinuesa, afectado intensamente por el suceso e impotente ante la crueldad que se avecinaba, se sentó sobre una piedra que se encontraba en una esquina cercana a la Puerta Real y allí lloró muchas horas y amargamente por aquellos jóvenes mientras repetía constantemente: ¡Pobre ciudad, pobre ciudad!
      Los condenados fueron trasladados al Campo de Marte (actual Plaza de Armas y cerca de la calle Julio César) y, una vez allí, colocados en fila y ajusticiados. Para más desgracia, algunas balas que había rebotado mataron a dos chicos que se había subido a un árbol para ver la ejecución y dejaron malherido a un tercero.
      Esa piedra, mudo testigo de aquellos luctuosos hechos, aún se conserva al final de la calle Alfonso XII, junto a Torneo, con una lápida conmemorativa en la que se puede leer:

Sevilla - Lápida conmemorativa de la Piedra Llorosa
Lápida conmemorativa colocada junto a la Piedra Llorosa al cumplirse el 150 aniversario del fusilamiento

“Según la tradición popular, sobre este sillar, llamado desde entonces La Piedra Llorosa, se sentó a llorar amargamente el 11 de Julio de 1857, el entonces alcalde de la ciudad al contemplar, tras tratar de impedirlo sin éxito, el fusilamiento de 82 jóvenes de Sevilla en la vecina Plaza de Armas de El Campo de Marte.
El Ayuntamiento de Sevilla dedica este recuerdo en memoria de la cívica actitud ejemplar de aquel alcalde y como recordación futura contra la pena de muerte.
Sevilla, 1857 – 2008.”

Ramón María Narváez - Vicente López - Museo de Bellas Artes de Valencia
General Ramón María Narváez 
Vicente López  
Museo de Bellas Artes de Valencia

      El día 26 de agosto de 1857, por orden del comisionado don Manuel Lassala y Solera, fueron también fusilados el coronel don Joaquín Serra y don Cayetano Morales, los dos personajes que junto a Manuel Caro estuvieron al mando de este desgraciado grupo.

domingo, 15 de febrero de 2015

Leyendas de Sevilla - 15 La Virgen del Coral

LA VIRGEN DEL CORAL

Una historia que pudo quedarse en leyenda pero se hizo realidad.

Virgen del Coral (detalle) - Iglesia de San Ildefonso - Sevilla
Virgen del Coral (detalle) - Iglesia de San Ildefonso - Sevilla

      La Virgen del Coral, en la iglesia de San Ildefonso, es una de las tres pinturas marianas más antiguas que se conservan en Sevilla, junto a la Virgen de Rocamador, en San Lorenzo, y la Virgen de la Antigua, en la Catedral.
      Debe su nombre al pequeño trozo de coral que Jesús lleva en el colgante de su cuello.

Placa conmemorativa - Iglesia de San Ildefonso - Sevilla
Placa conmemorativa - Iglesia de San Ildefonso - Sevilla

      Una placa conmemorativa colocada en San Ildefonso hacia 1841 nos cuenta que la imagen “antiquísima” de la Virgen del Coral era venerada según la tradición hace 14 siglos los que nos llevaría a suponer que la imagen es de origen visigótico o, más razonablemente, que en esa época se dio culto a una efigie de María bajo esa advocación.
      Los estudios realizados a la imagen de la Virgen del Coral datan su realización en la segunda mitad del siglo XIV. Con el paso del tiempo ha sufrido una serie de repintados e intervenciones que han modificado sensiblemente la pintura original pero aún nos permiten observar esos rasgos sencillos e ingenuos propios de la pintura de la época.
      Sin embargo la Virgen del Coral, a diferencia de sus hermanas en el tiempo, ha llegado hasta nosotros de manera casi milagrosa y es que sus vicisitudes constituyen toda una odisea.
      En los siglos XV al XVIII, la Virgen del Coral era una de las advocaciones marianas más queridas por los sevillanos, que acudían con fervor a San Ildefonso a postrarse ante su imagen para orar y solicitar sus favores.

Iglesia de San Ildefonso - Sevilla
Iglesia de San Ildefonso - Sevilla

      En 1755 el terremoto de Lisboa afectó gravemente a Sevilla y, aunque la iglesia de San Ildefonso no fue en un primer momento de las que más daños visibles sufrieron, con el paso del tiempo las heridas producidas en su estructura la llevaron a un estado ruinoso por lo que en 1794 se decidió su derribo para construir sobre el mismo solar un nuevo templo.
      Todo aquello que pudo salvarse del derribo, como enseres e imágenes, fue trasladado temporalmente a otros lugares de culto, especialmente a San Nicolás, pero la figura de la Virgen del Coral se encontraba pintada sobre uno de los muros de la iglesia por lo que, con los escasos medios técnicos y materiales con que se contaba, no podía ser trasladada.

Capilla de la Virgen del Coral - Iglesia de San Ildefonso - Sevilla
Capilla de la Virgen del Coral - Iglesia de San Ildefonso - Sevilla

      Ni fieles ni eclesiásticos querían la pérdida de aquella imagen tan venerada por lo que se decidió conservar el muro cubriéndolo con un cajón para evitar que aquella pintura tan venerada se deteriorase durante las obras. Así se procedió a la demolición del ruinoso edificio quedando sobre el yermo lugar sólo un trozo de pared a la que una cubierta de madera protegía de las inclemencias del tiempo y de las obras que se ejecutaban a su alrededor.
      Y pasaron 13 años en que ese cajón, convertido en una pequeña nave, sirvió de cobijo a Nuestra Señora y de lugar de culto para los numerosos fieles que se acercaban a mostrarle su respeto a la Virgen del Coral.

Imagen de la Virgen del Coral - Iglesia de San Ildefonso - Sevilla
Imagen de la Virgen del Coral - Iglesia de San Ildefonso - Sevilla
 
      Por fin llegó el gran día, fue el dos de julio de 1807 cuando se procedió a trasladar el muro con la pintura de la Virgen a la cabecera de la nave del Evangelio del nuevo templo, celebrándose una misa solemne que fue oficiada por don Juan Acisclo de Vera, obispo de Laodicea.
      La Virgen del Coral ocupa desde ese día un lugar preferente en la nueva iglesia de San Ildefonso y hoy podemos disfrutar de esta joya de nuestro arte y cultura gracias al tesón y fervor que en su día pusieron un puñado de animosos y resueltos sevillanos que no quisieron que la venerada imagen de la Virgen del Coral se perdiera para siempre.