
ANÍS FLOR DE CONSTANTINA - 1940-50
Juan José Barreira Polo (atribuido)
Este cartel publicitario es atribuido al célebre cartelista valenciano Juan José Barreira Polo, aunque no existe documentación fehaciente que lo confirme. Presenta el retrato costumbrista e idealizado de una joven de mirada profunda y labios carmesí, cuyo peinado elevado y peineta roja quedan enmarcados por un tupido y volumétrico manto de flores azules, complementado con un ramillete de claveles rojos en su vestido amarillo. La atribución de la autoría a Barreira Polo se basa en los rasgos idealizados de la mujer y en la barroquización botánica, elementos que constituyen signos distintivos de la firma visual del artista en sus encargos para las destilerías de la Sierra Norte de Sevilla. Aunque la pintura original fue concebida probablemente en la época cumbre de Barreira, en torno a 1930, al calor del auge estético de la Exposición Iberoamericana de Sevilla, el cartel físico puede datarse en su reedición de la década de 1940 o principios de los años 50 debido a los datos comerciales del faldón inferior de Eduardo Rojo; concretamente, el teléfono de Madrid de cinco cifras (63390) sitúa su impresión antes de 1951, año en el que la altísima demanda de la capital obligó a implantar la numeración de seis dígitos.
La destilería de Eduardo Rojo, fundada en Constantina, Sevilla, floreció hacia 1890 aprovechando la rica herencia vitivinícola y los excedentes de uva de la comarca, los cuales transformaban en alcoholes de altísima calidad gracias al uso de las excelentes aguas de manantial de la Sierra Norte. La firma alcanzó proyección internacional al obtener una Medalla de Oro en la Exposición Universal de París de 1900 con su producto insignia, el anís dulce y seco «Flor de Constantina», un destilado tradicional elaborado en alambiques de cobre alimentados con leña de encina. Además de sus reconocidos anisados en variantes dulce, seco y semidulce, las destilerías de Eduardo Rojo diversificaron con éxito su catálogo comercial produciendo selectos licores de frutas, cremas aromáticas y un cotizado coñac; una expansión que impulsó a la familia a dar el salto comercial a Madrid en la década de 1930, estableciendo su delegación en el céntrico Pasaje Moderno 3, hasta su definitivo asentamiento definitivo en el castizo barrio de Carabanchel en el año 1971, donde inauguraron las icónicas Bodegas Rojo de la calle Polvoranca para continuar con su legado licorero.



















