
ADORACIÓN DE LOS REYES (1600-49)
Óleo sobre lienzo - 245 x 326 cm.
Cornelius de Vos
MUSEO DE BELLAS ARTES DE SEVILLA
La monumental Adoración de los Reyes fue realizada por el maestro flamenco Cornelius de Vos en algún momento entre 1600 y 1649, aunque diversos estudios estilísticos la sitúan en torno a 1630. Su origen exacto es desconocido, pero se presume que pudo ser un encargo para una institución religiosa o un mecenas vinculado al culto navideño en Flandes. Sin documentación que aclare su destino inicial, la obra pasó por colecciones privadas antes de llegar a España. Fue incorporada al Museo de Bellas Artes de Sevilla en el siglo XIX, en el contexto de las desamortizaciones y la reorganización del patrimonio artístico, momento en que la institución se consolidó como referente en la conservación de la pintura barroca andaluza. Desde entonces, el lienzo ocupa un lugar destacado en sus salas.
La escena representa el momento en que los tres Reyes Magos, ricamente ataviados, ofrecen sus dones al Niño Jesús, que aparece en brazos de la Virgen María. El rey anciano se arrodilla y besa el pie del Niño, mientras los otros dos observan con reverencia. La composición está llena de dinamismo, con figuras secundarias, soldados, sirvientes, animales, que enriquecen la narrativa y aportan variedad de gestos y texturas. El uso del color, la luz cálida y la teatralidad de las poses revelan la influencia de Rubens, especialmente en la gestualidad y el tratamiento de las telas, aunque De Vos aporta una sensibilidad propia, más contenida y cercana al retrato.
La obra toma como referencia el grabado de Vorstermann realizado a partir de un cuadro de Rubens conservado en el Museo de Lyon. A partir de ese modelo, Cornelius de Vos mantiene el núcleo de la composición, pero modifica libremente diversos detalles, adaptándolos a su estilo personal.
Cornelius de Vos (Hulst, ca. 1584 – Amberes, 1651) fue un destacado pintor flamenco del siglo XVII, formado en Amberes y miembro del Gremio de San Lucas, donde llegó a ser decano. Vinculado estilísticamente a Van Dyck y Jordaens, y ocasional colaborador de Rubens, desarrolló un lenguaje propio que combinaba la riqueza narrativa del barroco con una sensibilidad íntima en el retrato. En La Adoración de los Reyes se aprecia su dominio del óleo, la expresividad gestual y la atención al detalle, integrando lo devocional con lo decorativo en una escena solemne y elegante, marcada por el exotismo y la monumentalidad arquitectónica.
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