La llegada de la mayoría de las obras de Murillo al Museo del Louvre se debe a uno de los mayores saqueos artísticos de la historia: el expolio del mariscal francés Jean-de-Dieu Soult durante la invasión napoleónica de 1810. Fascinado por el Barroco español, Soult desvalijó sistemáticamente iglesias, conventos y la propia Catedral de Sevilla, confiscando más de una treintena de lienzos del pintor sevillano para convertirlos en su botín de guerra personal y trasladarlos a París.

El nacimiento de la Virgen (1660) es una de las grandes obras maestras del Barroco español en el museo. Con unas imponentes dimensiones de 179 x 349 cm, este gran óleo sobre lienzo fue pintado originalmente para la Catedral de Sevilla. Destaca por su magistral composición apaisada y un espectacular juego de claroscuros, donde una intensa luz divina ilumina de forma directa a la Virgen María recién nacida en el centro. Murillo logra fundir magistralmente lo celestial con lo cotidiano al retratar a las comadronas con rostros realistas de la sociedad sevillana de la época, rodeadas de pequeños querubines que se integran con total naturalidad en las tareas domésticas.



El triunfo de la Inmaculada Concepción (hacia 1662-1665) es un lienzo imponente de 172 x 285 cm que Murillo pintó para la iglesia sevillana de Santa María la Blanca. A diferencia de sus habituales representaciones individuales y místicas de la Virgen, aquí el pintor despliega una compleja y dinámica alegoría para ilustrar la defensa de la pureza de María. Con su inconfundible "estilo vaporoso", el maestro sitúa a la Inmaculada en un plano celestial rodeada de querubines, mientras en el sector izquierdo añade a un grupo de fieles retratados con un realismo conmovedor, capturando una asombrosa variedad de expresiones de piedad y devoción. Como curiosidad histórica, la obra sufrió mutilaciones en sus laterales y altura a manos del mariscal Soult para lograr encajarla en sus habitaciones privadas antes de que el museo parisino la adquiriera.

La Sagrada Familia, conocida también como La Virgen de Sevilla (hacia 1665-1670), es un majestuoso óleo sobre lienzo de 240 x 190 cm. Esta obra sobresale por su profunda ambición teológica al fusionar de manera impecable la intimidad terrenal y el misterio divino, representando en un mismo espacio la trinidad humana y la Santísima Trinidad. En el plano inferior, de un tierno costumbrismo, la Virgen María sostiene al Niño Jesús en sus rodillas mientras Santa Isabel y el pequeño San Juan Bautista los contemplan portando una cruz de cañas (símbolo de la Pasión). Al mismo tiempo, en la zona superior envuelta por el "estilo vaporoso" de Murillo, emergen de forma gloriosa las figuras de Dios Padre y la paloma del Espíritu Santo. El lienzo, capturado originalmente por el mariscal Soult en Sevilla, ingresó formalmente al museo en la histórica subasta de 1852.

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Cristo en el Huerto de los Olivos (hacia 1675-1680) es una obra verdaderamente singular y delicada, con unas reducidas dimensiones de 35,7 x 26,3 cm. A diferencia de los grandes lienzos anteriores, se trata de una exquisita pintura al óleo realizada sobre una base de mármol u obsidiana negra, un refinado soporte que Murillo empleó para acentuar la profunda oscuridad de la noche mística. La composición se centra en la dramática e íntima agonía de Jesús en Getsemaní, quien aparece arrodillado e iluminado de forma milagrosa por un resplandor celestial que emana de un ángel. Este mensajero divino desciende para reconfortarle mientras sostiene el cáliz y la cruz, los severos símbolos de su inminente Pasión. Adquirida originalmente de forma legal en 1784 para las colecciones reales de Luis XVI, es una pieza maestra que demuestra la versatilidad de Murillo en formatos íntimos.

Cristo atado a la columna con San Pedro (hacia 1665-1670) es otra joya excepcional de formato íntimo en el Louvre, compartiendo soporte con la pieza anterior al estar pintada al óleo sobre una placa de obsidiana negra de 33,7 x 30,7 cm. La obra plasma una escena de profunda carga mística y emocional que no sigue un orden cronológico estricto de la Pasión: muestra a un Cristo flagelado y atado a una columna baja, cuya mirada de perdón se cruza de forma dramática con un San Pedro arrepentido y arrodillado tras sus negaciones. Murillo aprovecha magistralmente el fondo oscuro natural de la piedra volcánica para generar un contraste lumínico sobrecogedor, acentuando el sufrimiento divino y la súplica del apóstol. Esta pieza formaba una pareja perfecta con el lienzo de Cristo en el Huerto de los Olivos y entró al museo por la misma vía legal, tras ser adquirida en 1784 para la colección de Luis XVI.

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Fray Junípero y el mendigo (hacia 1645-1646), catalogada formalmente en los fondos del museo, es una imponente obra de 176 x 221,5 cm. El lienzo forma parte de la famosa serie de once pinturas que el artista realizó para el Claustro Chico del Convento de San Francisco de Sevilla, el mismo conjunto del que procede La cocina de los ángeles. La escena ilustra con gran fuerza narrativa un pasaje de las Fioretti de San Francisco de Asís: el humilde fray Junípero tiene prohibido por sus superiores regalar sus vestiduras a los mendigos, por lo que, al encontrarse con un desvalido, le permite con paciencia que sea el propio pobre quien le despoje de la túnica para no incurrir en desobediencia. Murillo despliega aquí un magnífico estudio anatómico en el cuerpo desnudo del mendigo y regala uno de sus primeros paisajes abiertos en el fondo, integrando lo místico en un entorno de crudo realismo. Fue expoliado por las tropas napoleónicas.
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La Virgen del Rosario con el Niño (hacia 1650), también conocida como La Vierge au chapelet, es una maravillosa obra de 166 x 123 cm que forma parte de los depósitos del Museo del Louvre. Aunque la institución parisina es su propietaria legal, actualmente se encuentra custodiada y expuesta en el Museo Goya de Castres, en el sur de Francia. El lienzo muestra a una Virgen María sentada portando el santo rosario mientras sostiene con ternura y firmeza en su regazo al Niño Jesús. Pertenece a la etapa de juventud del pintor, caracterizada por un marcado modelado tenebrista y un fondo neutro y oscuro que hace resaltar con gran expresividad los rostros idealizados de la Madre y el Hijo. Al igual que gran parte de su colección, este cuadro llegó a Francia tras ser incautado en Sevilla durante la invasión napoleónica.
Al terminar el conflicto, el mariscal logró retener estas piezas en su colección privada hasta su muerte en 1851. Al año siguiente, sus herederos subastaron las obras y el Museo del Louvre adquirió legalmente los lienzos más imponentes de Murillo, pagando cifras récord para la época por joyas como El nacimiento de la Virgen. La gran excepción de la sala es El joven mendigo, cuadro que no fue robado, sino comprado de forma legítima en 1782 para las colecciones reales de Luis XVI.
CUADROS EXPUESTOS EN EL MUSEO DEL LOUVRE
- El nacimiento de la Virgen

El Nacimiento de la virgen
- El joven mendigo

El joven mendigo
El joven mendigo (hacia 1645-1650), también conocido popularmente como Niño espulgándose, es la obra costumbrista más célebre de Murillo en el Louvre. Este óleo sobre lienzo tiene unas dimensiones de 137 x 115 cm y destaca por alejarse de la temática religiosa para retratar con crudo realismo la pobreza infantil de la Sevilla del siglo XVII. El artista emplea un marcado claroscuro de influencia caravaggista, donde un potente haz de luz lateral ilumina dramáticamente al niño descalzo y harapiento, quien busca pulgas en su ropa rodeado de un cántaro de barro y un capazo con frutas. Pese a la miseria de la escena, la mirada compasiva y tierna de Murillo dota al personaje de una inusual dignidad y belleza.
- La cocina de los ángeles

La cocina de los ángeles
La cocina de los ángeles (1646) es una de las obras más narrativas y monumentales del pintor en el museo, con un excepcional formato apaisado y unas dimensiones de 180 x 450 cm. El lienzo, encargado originalmente para el claustro chico del Convento de San Francisco de Sevilla, relata el milagro de Fray Francisco Pérez. Este monje cocinero, superado por su devoción, entra en un estado de levitación y éxtasis descuidando por completo sus tareas culinarias. La escena equilibra magistralmente lo místico y el costumbrismo al mostrar cómo un grupo de ángeles y querubines celestiales desciende a la tierra para preparar las viandas, encender los fogones y organizar los cacharros de cobre y barro, convirtiendo el milagro divino en un detallado y cercano bodegón de la época.
- El triunfo de la Inmaculada Concepción

El triunfo de la Inmaculada Concepción
- La Sagrada Familia

La Sagrada Familia
- Retrato de Íñigo Melchor Fernández de Velasco

Retrato de Íñigo Melchor Fernández de Velasco
Retrato de Íñigo Melchor Fernández de Velasco (1659) es una pieza excepcional en la colección del Louvre, ya que rompe con la temática religiosa o costumbrista predominante en las salas para mostrar la faceta del pintor como retratista de la alta nobleza. Con unas dimensiones de 208 x 138 cm, este óleo de cuerpo entero inmortaliza al VII duque de Frías y condestable de Castilla, un personaje de gran relevancia política que llegaría a ser gobernador de Flandes. Pintado probablemente durante una breve estancia de Murillo en Madrid, el lienzo sitúa al noble al aire libre, realzado por elementos típicamente barrocos como un aparatoso cortinaje, una columna y una balaustrada de piedra. El pintor demuestra una maestría soberbia al capturar los reflejos grises sobre el riguroso traje de seda negra, contrastando la sobria elegancia de la figura con un fondo luminoso inundado de nubes que dota de ligereza y profundidad a toda la composición.
- Cristo en el Huerto de los Olivos
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Cristo en el Huerto de los Olivos
- Cristo atado a la columna con San Pedro

Cristo atado a la columna con San Pedro
- La Inmaculada Concepción

La Inmaculada Concepción
La Inmaculada Concepción (hacia 1650-1655) es una bellísima pintura sobre lienzo de formato mediano con unas dimensiones de 101 x 76 cm. A diferencia de sus composiciones más tardías y monumentales, este cuadro destaca por ser una obra clave donde Murillo empieza a perfilar la dulzura iconográfica que lo haría famoso universalmente. Con una pincelada suelta y llena de frescura, el maestro sitúa a una jovencísima Virgen María de rasgos adolescentes flotando sobre un nítido globo terráqueo. Está envuelta en su clásica túnica blanca y manto azul, rodeada por una vibrante atmósfera mística dorada y una corte de dinámicos querubines a sus pies. Su procedencia histórica añade valor al artículo: perteneció originalmente a la colección privada del emperador Napoleón III, quien fascinado por su delicadeza la donó personalmente al Museo del Louvre en el año 1855.
CUADROS EN DEPÓSITO EN OTROS MUSEOS
- Fray Junípero y el mendigo
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Fray Junípero y el mendigo - Museo de Bellas Artes de Dole
- La Virgen del Rosario con el Niño
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La Virgen del Rosario con el Niño - Museo Goya de Castres
En definitiva, la colección de Bartolomé Esteban Murillo en el Museo del Louvre ofrece un viaje único a través de la evolución del Barroco español, conectando sus primeras y crudas obras costumbristas con el misticismo de su célebre "estilo vaporoso". Aunque el destino de la mayoría de estos lienzos estuvo marcado por el trágico expolio napoleónico en Sevilla, su conservación y exhibición en París permiten hoy que millones de visitantes de todo el mundo admiren la sensibilidad, la luz y la profunda dignidad con la que el maestro sevillano retrató tanto lo divino como lo terrenal.
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