sábado, 3 de octubre de 2026

Publicidad 1925 - Anisado El Gordo (Constantina)

Anisado El Gordo - Francisco Álvarez Urbano - h. 1925 - Constantina
ANISADO EL GORDO - 1925
Fábrica de Francisco Álvarez - CONSTANTINA

    El presente cartel publicitario constituye un excelente testimonio de la caricatura costumbrista española de la década de 1920. Diseñado de forma anónima por encargo del industrial Francisco Álvarez, el lienzo refleja la estética de los tipos populares de la época mediante trazos expresivos y una marcada intención satírica. La composición sitúa a cuatro personajes, descritos con humor en la copla inferior como "los sanos, los tuertos, los calvos y los cojos", frente a un despacho de bebidas que luce el emblema de la marca. Visualmente, la obra destaca por su equilibrio entre la ilustración narrativa y una tipografía limpia y contundente, la cual recurre a un ingenioso juego de palabras rimado que vincula el consumo del producto con la fortuna del célebre sorteo de la Lotería de Navidad. 
    El producto anunciado es el Anisado Marca "El Gordo", un aguardiente de alta graduación que forma parte de la rica herencia gastronómica de la Sierra Norte de Sevilla. Su proceso de producción seguía un riguroso método artesanal basado en la destilación de la matalahúva en tradicionales alambiques de cobre, los cuales se alimentaban con leña de encina para garantizar un calentamiento uniforme. El resultado era una bebida espirituosa muy apreciada por su pureza y aroma. Desde el punto de vista comercial, el producto se posicionó estratégicamente como un consumo indispensable durante las festividades invernales, utilizando el argumento publicitario de que el verdadero premio navideño correspondía a quien lo consumiera con mayor fervor. 
    La empresa responsable de esta pieza gráfica fue la Fábrica de Anisados, Licores y Jarabes de Francisco Álvarez Urbano, establecida en el municipio sevillano de Constantina. Durante el primer tercio del siglo XX, esta localidad experimentó un notable auge industrial, llegando a albergar decenas de destilerías que aprovechaban los excedentes de las explotaciones vitivinícolas de la zona. La firma de Francisco Álvarez logró diferenciarse no solo por la calidad de sus destilados y jarabes, sino también por una avanzada visión comercial que implantó la distribución de sus productos a nivel nacional.