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miércoles, 6 de abril de 2022

Semana Santa de Sevilla según... Gonzalo Bilbao

Gonzalo Bilbao Martínez - 1902 - Procesión de Las Siete Palabras - Museo Carmen Thyssen de Málaga
PROCESIÓN DE LAS SIETE PALABRAS - 1902
Óleo sobre lienzo - 54 x 45 cm.
Gonzalo Bilbao Martínez
Museo Carmen Thyssen - MÁLAGA

       Gonzalo Bilbao es uno de los pintores más significativos de la pintura costumbrista sevillana de principios del siglo XX. 
      En este cuadro vemos la entrada de la Hermandad de las Siete Palabras en la Catedral de Sevilla con el hermano mayor en primer plano seguido de nazarenos, jóvenes con ciriales y un monaguillo. A la izquierda, acompañan el paso mujeres con mantilla y sobre el trono el Santísimo Cristo de las Siete Palabras junto a María Santísima de los Remedios, san Juan y la Magdalena.
      Se da la circunstancia de que en esa fecha Gonzalo Bilbao tenía como invitado a Joaquín Sorolla que había venido a presenciar y pintar los desfiles procesionales de la Semana Santa sevillana.

lunes, 3 de mayo de 2021

La Feria de Córdoba según... Julio Romero de Torres

La Feria de Córdoba - Julio Romero de Torres - 1899 - Museo Carmen Thyssen de Málaga
LA FERIA DE CÓRDOBA - 1899/1900
Óleo sobre tabla - 72 x 48 cm.
Julio Romero de Torres
Museo Carmen Thyssen - MÁLAGA

       En el Museo Carmen Thyssen de Málaga encontramos una obra que el pintor cordobés más universal dedicó a la feria de su ciudad natal. Son numerosos los trabajos que Romero de Torres realizó,  entre 1896 y 1916, para la Feria de Mayo de Córdoba tanto en cartelería como en acuarelas o dibujos, además de ilustraciones para las revistas editadas con motivo del evento.
      Este cuadro, un óleo sobre tabla, fue adquirido en 1997 para la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza y se encuentra en su museo de la capital malagueña. Pertenece a la primera época de Romero de Torres y nos presenta una típica escena de baile bajo un recinto que, por su estructura metálica, nos recuerda la Caseta Municipal del antiguo recinto ferial del Paseo de la Victoria.
      Les ofrecemos enlace, para un mejor conocimiento de la obra, al estudio realizado para el Museo Carmen Thyssen por la profesora Fuensanta García de la Torre que fue Directora del Museo de Bellas Artes de Córdoba y Vocal de la Comisión andaluza de Museos.

ENLACE

martes, 2 de marzo de 2021

Semana Santa de Sevilla según... Alfred Dehodencq

Alfred Dehodencq - Una cofradía pasando por la calle Génova - Sevilla 1851 - Museo Carmen Thyssen Málaga
UNA COFRADÍA PASANDO POR LA CALLE GÉNOVA - 1851
Óleo sobre lienzo - 111,5 x 161,5 cm.
Alfred Dehodencq
Museo Carmen Thyssen - MÁLAGA

       Este cuadro, del pintor francés Alfred Dehodencq, junto a otro del mismo autor que representa "Un baile de gitanos en los jardines del Alcázar" decoraba el Salón Cuadrado del Palacio de San Telmo, en Sevilla, entonces residencia de los duques de Montpensier.
      Nos presenta el momento de la entrada de un Crucificado por la calle Génova (actual Avenida de la Constitución) mientras al fondo observamos el palio de la Virgen. A ambos lados de la calle aparecen sentadas numerosas damas ataviadas con mantillas negras mientras los caballeros permanecen de pie a sus espaldas. Dos filas de nazarenos, con hábito negro y cirios encendidos, acompañan el paso de Cristo. La Virgen Dolorosa le sigue en la lejanía con toda la candelería encendida.
      El pintor Alfred Dehodencq llegó a España en noviembre de 1850 y entró al servicio de los duques de Montpensier fijando su residencia en Sevilla donde realizó varios retratos de los infantes duques de Montpensier y sus hijas. Hacia 1857 se trasladó a Cádiz al casarse con una gaditana, María Amelia Calderón.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Leyendas de Sevilla - 13 La Venta de los Gatos

LA VENTA DE LOS GATOS
 
Gustavo Adolfo Bécquer
Retrato de Gustavo Adolfo Bécquer - 1862
Valeriano Domínguez Bécquer - Museo de BBAA (Sevilla)
 
    En el camino que transcurría entre la Puerta de la Macarena y el Monasterio de San Jerónimo existió desde el siglo XVIII una venta, llamada Venta de los Gatos, muy famosa y concurrida por las gentes de Sevilla que se acercaban hasta ella en los días de fiesta para comer y divertirse bajo la fresca sombra de la arboleda que crecía a orillas del Guadalquivir.
    Un día de 1854 el poeta sevillano Gustavo Adolfo Bécquer pasó por aquella venta y observó cómo un grupo de jóvenes cantaba y bailaba en un pequeño llano junto al río. Le llamó tanto la atención la especial belleza de una de las muchachas que echó mano de su lápiz y sobre una hoja del bloc en que tomaba notas para sus poemas plasmó con suaves trazos la delicada cara de aquella doncella, regalando después este retrato al novio de la muchacha.
    Amparo, que era el nombre de la joven, había sido abandonada al nacer y recogida por el dueño de la venta que la había criado junto a su hijo como una hija más. Al hacerse mayores había surgido el amor entre ellos y tenían pensado casarse en breve tiempo.

Baile en una venta - Rafael Benjumea 1850 - Museo Carmen Thyssen (Málaga)
Baile en una venta - 1850
Rafael Benjumea - Museo Carmen Thyssen

    Gustavo Adolfo marchó a Madrid y pasados varios años, en uno de sus viajes a Sevilla, quiso pasar la tarde en la Venta de los Gatos. Pero aquel lugar ya no era el mismo, el inmenso prado verde donde reinaba la diversión y el esparcimiento había desaparecido para dar paso a un recinto triste y silencioso, el Cementerio de San Fernando. La algarabía que reinaba antaño en la venta había sido sustituida por la tristeza y lágrimas de aquellos que se detenían en la venta tras enterrar a sus seres queridos.
    Preguntó al ventero por aquella bella muchacha y por su hijo al que había conocido años atrás y éste, desconsolado, le contó la triste y romántica historia de aquel desafortunado amor.
    Estaban Amparo y su novio con los preparativos de la boda cuando una mañana se acercaron hasta la venta dos señores que se interesaron por la muchacha indagando sobre su edad y la fecha en que había sido recogida. Una vez confirmados los datos se dieron a conocer como enviados por una Dama de la alta sociedad sevillana que reclamaba ahora a su hija, fruto de un amor clandestino y a la que había abandonado al nacer aunque ejerciendo siempre sobre ella una discreta vigilancia. La citada Dama había enviudado y ya no existía obstáculo para reclamar aquello que legítimamente consideraba suyo. Aunque el ventero y Amparo hicieron todo lo posible por continuar su sencilla vida familiar, los tribunales dieron la razón a la Dama y devolvieron a la muchacha a su madre.
    La Dama cortó toda relación de Amparo con su anterior familia no permitiéndole ninguna comunicación con aquel muchacho del que estaba enamorada y a punto de casarse ni con aquellos padres que la habían criado y querido como una hija. Encerrada en su casa, la muchacha perdió la alegría y su salud se fue deteriorando hasta que enfermó gravemente de tuberculosis.
    Mientras tanto el hijo del ventero había perdido también todo interés por lo que le rodeaba y estaba encerrado en sus pensamientos que sólo iban dirigidos a la muchacha que amaba. Así se acercaba a menudo hasta el cementerio para pasear en aquel lugar que servía de escenario a su melancólica tristeza y observaba, sintiendo como suya, la amarga y dolorosa última despedida de los familiares a sus difuntos.
    Una mañana en que paseaba bajo los cipreses del sagrado lugar se detuvo ante un entierro. Después de algunas oraciones, levantaron la tapa del ataúd para que los familiares pudieran darle un último adiós al difunto. El muchacho se acercó y su cara quedó petrificada a la vez que un grito salió de su garganta antes de caer desmayado al suelo. El cuerpo de aquel ataúd era el de Amparo, su gran amor. Cuando despertó ya no recobró la razón, vivió recluido en la venta donde pasaba los días llorando o cantando alguna canción en que siempre se repetía un nombre: Amparo.

Nota: Texto adaptado sobre la leyenda de Gustavo Adolfo Bécquer.