En la mañana de hoy, la Plaza de la Encarnación servía de escenario a un movimiento artístico callejero, los grafiteros. Y no es que hayan tomado impunemente las Setas para someterlas a un cambio de imagen, no. Bajo la sombra de los centenarios árboles, estos jóvenes de imaginación tan desbordante como habilidosos del spray regalaban su arte a los ciudadanos de Sevilla decorando los contenedores que Lipasam utiliza para el reciclaje de vidrio.
No es la primera vez, y esperamos que la idea continúe, que el mobiliario urbano se enriquece, de un modo cívico y controlado, con la aportación del trabajo de estos jóvenes artistas.