miércoles, 30 de noviembre de 2011

XVIII Feria del Belén - Sevilla

Nacimiento de Jesús - Pedro de Campaña 1557

Desde el 11 de noviembre, y hasta el 23 de diciembre, permanecerá abierta la XVIII Feria del Belén que se sitúa junto a la Catedral hispalense y el Archivo de Indias. Desde los más lujosos y sifisticados belenes hasta los más sencillos se pueden contemplar en los stands que exponen sus creaciones en esta feria navideña. También se puede adquirir cualquier detalle que pueda formar parte de un Belén, sea figurita, elemento técnico, adorno, etc. Todo un espectáculo para niños, mayores con ilusión y, especialmente, belenistas.
Aquí una muestra de lo clásico y lo imaginativo entre la multitud de estilos que se exponen.


La belleza y estilo de lo clásico.
Moderno, ¿intencional?...
¡Pa cogé la pandereta y no pará!
Candoroso, sencillo...
Una flor entre las flores, dan ganas de unirse...
Con la gracia y dulzura de lo infantil.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Plaza de la Encarnación - La piel sensible: "Reciclar con arte"







En la mañana de hoy, la Plaza de la Encarnación servía de escenario a un movimiento artístico callejero, los grafiteros. Y no es que hayan tomado impunemente las Setas para someterlas a un cambio de imagen, no. Bajo la sombra de los centenarios árboles, estos jóvenes de imaginación tan desbordante como habilidosos del spray regalaban su arte a los ciudadanos de Sevilla decorando los contenedores que Lipasam utiliza para el reciclaje de vidrio.
No es la primera vez, y esperamos que la idea continúe, que el mobiliario urbano se enriquece, de un modo cívico y controlado, con la aportación del trabajo de estos jóvenes artistas.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Azulejería sevillana - Cuenca (Plaza de España) 17

AZULEJO DE CUENCA





El pasaje histórico de este azulejo representa la conquista de Cuenca por Alfonso VIII en 1177. La escena, que enmarca el sitio de la ciudad, está rodeada de motivos vegetales. En la parte superior, en un friso, aparecen los escudos de Cuenca y España.
En el banco aparecen los nombres de algunos municipios representativos de la provincia como Tarancón, Motilla del Palancar, Huete y Priego.
Todos los elementos fueron realizados en la fábrica de Viuda e Hijos de Ramos Rejano, siendo Enrique Orce el pintor ceramista.
Fue restaurado en 2006 por el Taller Plaza de España de Sevilla.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Leyendas de Sevilla - 11 La Virgen de la Servilleta

El Museo de Bellas Artes de Sevilla expone, en lo que antaño fue iglesia, los cuadros de uno de nuestros pintores universales y, sin duda, el más cercano al pueblo: Bartolomé Esteban Murillo.
Impresiona la Inmaculada, llamada “La Colosal” por sus dimensiones, que preside el retablo arropada por una serie de lienzos salidos de la mano del genial artista y, generalmente, rodeada y admirada por grupos de turistas extasiados ante tan magna y bella imagen. En un rinconcito, a la derecha de la capilla, hay un pequeño cuadro que apenas llama la atención, salvo para aquellos que buscan la mirada tierna de una madre cuyo hijo intenta descubrir el mundo, es la Virgen de la Servilleta.
Museo de Bellas Artes de Sevilla - Retablo de la Iglesia

Este pequeño tesoro procede del Convento de Capuchinos de Sevilla y nos cuenta la leyenda que Murillo solía asistir a misa en la iglesia del convento y allí se quedaba a desayunar con la comunidad de frailes mientras perfilaba los detalles del encargo que había recibido para decorar el retablo. Un día, al recoger las mesas, el fraile encargado del refectorio notó la falta de una servilleta y, tras buscarla infructuosamente, la dio por perdida. Pasados unos días de aquel hecho, al terminar el desayuno, Murillo le entregaba un pequeño envoltorio mientras se disculpaba por haberse llevado la servilleta. La sorpresa del fraile al abrirlo fue mayúscula, sobre aquel humilde tejido aparecía esplendorosa la Madre de Dios con su Hijo en los brazos.
Según otra versión de la leyenda fue un fraile quien pidió a Murillo un cuadro para poder orar en su celda y no teniendo lienzo para el encargo le dio lo que tenía a mano, una servilleta que Murillo le devolvió con las divinas imágenes.
Virgen de la Servilleta - Murillo - Museo BBAA de Sevilla

La realidad es que este cuadro de 67x72 cm. fue realizado por Murillo, en 1666, para el retablo de la Iglesia de los Capuchinos en Sevilla y allí permaneció hasta que, durante la Guerra de la Independencia, los frailes al conocer que el mariscal francés Soult estaba requisando los cuadros del pintor sevillano, lo enviaron junto a otras obras a Gibraltar donde permaneció desde 1810 hasta 1814 en que finalizó la guerra. En 1836, con la desamortización de Mendizábal, pasó a propiedad del Estado integrándose en los fondos del Museo de Bellas Artes de Sevilla.
El nombre de “Virgen de la Servilleta” proviene de la leyenda que en 1833 fue recogida por O´Neill en “A Dictionary of Spanish Painting” aunque sólo es leyenda porque el cuadro está pintado realmente sobre un lienzo y no sobre los tejidos más suaves y ligeros usados para las servilletas.

Nota: La "Virgen de la Servilleta" ha abandonado su recóndito lugar y hoy se encuentra expuesta en el retablo mayor de la iglesia del Museo, bajo la imagen de la Inmaculada (la Colosal). Un lugar más que merecido para esta pequeña joya de la pintura barroca sevillana.
Museo de Bellas Artes de Sevilla - Retablo de la Iglesia actual

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Leyendas de Sevilla - 10 El aparecido de San Onofre

Hasta el año 1840, sobre lo que hoy es Plaza Nueva y algunas calles adyacentes se levantaba el convento de San Francisco que pasaba por ser uno de los mayores conventos franciscanos de España. Un arco de entrada daba paso al atrio en cuya parte derecha se encontraba la iglesia mientras en su parte izquierda había tres capillas, una de ellas llamada de San Onofre y Hospital de Ánimas que es la única que se conserva hoy día y el lugar donde se cuenta que aconteció esta leyenda.
Retablo de la capilla de San Onofre

En aquel tiempo entró de lego* en el convento un caballero sevillano llamado Juan de Torres que tras llevar una vida desordenada y licenciosa quiso enmendarla dedicándose a la oración y penitencia. Tal era su fervor y deseo de cambio que, tras realizar su labor diaria en los trabajos más humildes del convento, dedicaba todo el tiempo de que disponía, incluso levantándose a medianoche, para acudir a la iglesia o alguna de las capillas para orar y meditar.
Y fue en una de esas madrugadas, la de un dos de noviembre en que se celebra la fiesta de los Fieles Difuntos, cuando mientras oraba en la capilla de San Onofre vio entrar a un fraile que se acercó al altar y, tras arrodillarse, pasó a la sacristía de donde salió al poco revestido de alba y casulla para oficiar la Santa Misa. El fraile, luego de depositar el cáliz en el altar, miró hacia los bancos, suspiró profundamente y volvió a recoger el cáliz regresando a la sacristía de la que salió al poco vestido ya con su hábito de monje y abandonando la capilla.
El lego quedó muy sorprendido al ver cómo el fraile se había vestido y preparado para celebrar la Misa y después se había marchado sin hacerlo, no entendiendo la razón para este extraño comportamiento. Las dos noches siguientes se volvió a repetir el mismo suceso por lo que supuso que algún misterio se ocultaba tras este hecho y decidió ponerlo en conocimiento del prior del convento.
El superior pareció no sorprenderse y le dijo: “Si vuelve a ocurrir lo mismo, acérquese y ofrézcase a ayudarle a celebrar la misa.”
Franciscano orando

Y así fue como una noche más, mientras oraba en un rincón de la capilla, vio entrar al fraile y salir de la sacristía revestido de los ornamentos litúrgicos y con el cáliz en la mano. Levantándose, se acercó hasta él y le dijo: “¿Quiere su paternidad que le ayude a la misa?”
El fraile no contestó pero sí inició esta vez, con voz casi ininteligible, las primeras palabras de la ceremonia litúrgica solo que donde debía decir " laetificat juventutem meam "* su voz se hizo más clara y potente para articular estas otras "laetificat mortem meam"*.
El lego comprendió que tenía ante él un aparecido pero su valentía hizo que no sintiese miedo alguno y continuó ayudándole y respondiendo al oficiante incluso cuando al llegar al “Confiteor Deo” añadió los versículos "Dios irae, dies illa"*.
Al terminar la misa, el fraile regresó a la sacristía donde depositó el cáliz sobre la mesa, se despojó del alba y la casulla, y volviéndose hacia el lego le dijo: “Gracias, hermano por el gran favor que habéis hecho a mi atormentada alma. Yo fui fraile de este convento que, por negligencia, dejé sin oficiar una misa de difuntos que me habían encargado y la muerte me sorprendió sin cumplir con esta obligación. Dios me condenó a permanecer en el purgatorio hasta que cumpliera con mi deuda y, aunque he estado viniendo a intentar decirla todos los días de noviembre de cada año, desde mi muerte hace más de un siglo, nunca encontré a nadie que me ayudase a decir la misa hasta hoy que tú lo has hecho.”
Y, tras estas palabras, el fraile se desvaneció para siempre aunque su historia quedó recogida en la crónica del convento del año 1600 y así hemos podido conocerla.

Notas:
Lego: En los conventos de religiosos, el que siendo profeso, no tiene opción a las sagradas órdenes. (No puede realizar las tareas que corresponden al sacerdocio).
“laetificat juventutem meam”: da alegría a mi juventud.
“laetificat mortem meam”: da alegría (paz) a mi muerte.
Confiteor Deo: Oración del “Yo pecador” que se recita en la misa.
“Dios irae, dies illa”: El día de la ira de Dios (se refiere al día en que nuestros actos serán juzgados por Dios).