viernes, 16 de abril de 2010

¡Se escapó de la olla!




Los sevillanos, como otros andaluces, somos aficionados a los caracoles, o más concreto, al noble arte de que los preparen en el bar y “sorberlos” acompañados de una cruzcampo requetefría. Parece que este ejemplar, más “cabrilla” que caracol, se las ingenió para huir de la sauna caracolicida y ahora se divierte, desde esta fachada en Puente y Pellón, observando con desconfianza el continuo movimiento de humanos que andorrean a la sombra de su concha.
Esta obra, forjada en bronce, fue creada por el escultor sevillano Chiqui Díaz, experto en observar la Naturaleza y plasmar en materia inerte la belleza de los animales desde una perspectiva personal, neoprimitivista y vitalista.

2 comentarios:

Lopez de Coca dijo...

Me encanta tanto la escultura como la casa, creo que le da otro aire al centro, más moderno en una zona totalmente comercial, además viniendo de la encarnación tiene una buena perspectiva.

galise dijo...

Muchos sevillanos echamos de menos esas esculturas que, a nivel de suelo, pueden verse sobre las aceras y plazas de muchas ciudades. No puedo entender por qué el civismo que hay en Oviedo, por ejemplo, para respetar y cuidar los elementos urbanos no existe aquí y no hace falta poner ejemplos de vandalismo muy reciente.